Paseo a Mauro todos los días, más o menos a la misma hora... en la medida en que mi propio horario me lo permite, claro, aunque no es que ahora esté muy ocupado precisamente. Habitualmente lo saco por los mismos sitios: el parque y el paseo del río. A pesar de su tamaño, aún es cachorro; tenga en cuenta que los podencos son muy grandes, y a los seis meses ya casi tienen el tamaño de un adulto, aunque conserven todavía los esfínteres de un cachorro. Le cuesta un poco aguantarse sus cosas. Así que tengo que sacarlo por lo menos cuatro veces diarias. Y aun así, algunos días se hace sus cosas en casa.
Usted ya sabe que los podencos son perros de caza. Y sí, lo admito, lo tengo principalmente porque soy cazador. No por eso lo quiero menos, ojo. Nuestros hijos ya se han ido de casa, yo estoy prejubilado con esto de la crisis, y mi mujer y yo estábamos un poco solos. La casa vacía y todo eso; ya me entiende. Mauro nos hace compañía, y sobre todo, nos hace felices. Pero también es una herramienta de caza. Ya lo he llevado a la media veda, y a pesar de ser tan joven, promete. Tiene muy buen olfato. Ya me lo imaginaba, porque en el parque no hace más que olfatear por las zonas donde se suelen esconder los gatos callejeros, y en el paseo del río siempre encuentra enseguida a los pequeños roedores que se esconden entre los arbustos. Y siempre encuentra los juguetes que le escondo. El olfato de Mauro no falla.
Bueno, qué le voy a contar que no sepa ya usted. A Mauro siempre le da por escarbar en el parque, en los mismos sitios. Como una locomotora, se pone. Algunos días me preguntaba qué hacía, y descubría que estaba desenterrando la manguera del riego de las plantas, para morderla. Lo regañaba, y lo dejaba de hacer. Otros días escarbaba en la tierra hasta sacar una piedra enterrada en el suelo; y me la traía tan contento, como un regalo, o un premio. A veces incluso desenterraba los restos de animalitos muertos, pájaros y cosas así. Realmente nunca le di importancia al hecho de que escarbara en los mismos sitios. Es normal en los perros, ¿no?
Pero entiéndame, agente. Nunca pensé que desenterraría un brazo humano.






